LA COSTUMBRE DEL PODER: Consecuencias del “corcholatazo”

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*Si en la oposición hay cordura y dos dedos de frente, permanecerán quietos y establecerán su ritmo y sus tiempos, porque lo que se juega no es una sucesión presidencial, sino el destino de los mexicanos

 

Gregorio Ortega Molina

Andrés Manuel ha impuesto ritmo y agenda en el quehacer nacional, ¿sucederá lo mismo con la supuesta sucesión presidencial? ¿No se han dado cuenta de que está divertidísimo, y durante las noches, antes de cerrar sus ojitos, hace un recuento de sus tropelías?

     ¡Vamos!, los que compraron el cuento pecaron de ingenuos, y si la oposición, coaligada o de manera individual, se deja arrastrar y abre sus cartas -por ahora inexistentes-, sólo mostrará una bisoñez que no veíamos desde los años 20, cuando José Vasconcelos creyó vivir en un México democrático y el Maximato afinaba sus estrategias, hasta que Lázaro Cárdenas ordenó que subieran a un avión a Plutarco Elías Calles y lo llevaran, sin escalas, a Los Ángeles, California.

     Andrés Manuel sabe lo que trae entre manos. Estará atento a los lógicos y depurados movimientos de algunos “descorcholatados”, y a las ansias de otros, abiertas y descaradas. Lo que puede anticiparse es que los “morenos” se auto purgarán mientras su patrón político hace los ajustes necesarios para ser él su único candidato o, en su defecto, apuntalar a la persona que supuestamente se desempeñará como en su momento lo hicieron Abelardo Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio y Emilio Portes Gil. La única prenda, o virtud, que espera el desesperado presidente de México de su designado, es la sumisión absoluta. Otras prendas políticas y humanas no le sirven.

     Por lo pronto, el único que conoce las reglas del juego por él iniciado es Andrés Manuel -es posible que no estén concluidas-. Se servirá del lenguaje del pasado, incluso de ese cinismo que hizo exclamar a Adolfo Ruiz Cortines: ¡Perdimos Pollo!, porque lo que él ha puesto en movimiento es la estrategia para modificar el modo de operar una sucesión presidencial, previsiblemente en contra de la Constitución y de la historia, porque puede convertirse, a 110 años de distancia, en el neo porfirismo para el siglo XXI.

     Me pregunto si tiene un alter ego para conversar sobre las estrategias y la diversión que le proporcionan. ¿Lo hará con su señora esposa, antes de iniciar el reposo del guerrero? ¿Intercambiará ideas con Julio Scherer Ibarra, y éste evocará para él la única razón por la cual Luis Echeverría Álvarez desposeyó de la dirección de Excélsior a su padre? ¿Escucha a Jesús Ramírez Cuevas, y éste tiene la estatura para participar del juego sin dar rienda suelta a sus propias ambiciones?

     A Andrés Manuel no le ocurrirá lo que a Vicente Fox con Felipe Calderón; los gobernadores “morenos” están quietos, no hay ningún Peña Nieto visualizado, pero precisamente puede sucederle lo que Julio Scherer García intentó hacerle a Luis Echeverría Álvarez al momento de las palabras mayores. No se trata de imponer una decisión, sino de influir de manera determinante en ella.

     Insisto, si en la oposición hay cordura y dos dedos de frente, permanecerán quietos y establecerán su ritmo y sus tiempos, porque lo que se juega no es una sucesión presidencial, sino el destino de los mexicanos.

www.gregorioortega.blog                                            @OrtegaGregorio

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